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El impacto de los aceites esenciales en la microbiota intestinal:

Jose Rivas, NCCA, MIFA

Jose Rivas, NCCA, MIFA

Aromaterapeuta Clínico Certificado
Especialista en Medicina Aromática

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Hoy en día todo el mundo se encuentra hablando de la flora intestinal, todos están tomando yogurt, probióticos, como si la vida dependiera de esto, hasta cierto punto, tienen razón.

Son trillones de microorganismos a los que damos albergue en nuestro cuerpo mantienen el control de la mayoría de los aspectos de la fisiología, se ven involucrados en procesos como regular la función inmunológica, absorción y metabolismo de los nutrientes, producción de neurotransmisores, incluso tienen influencia en los rasgos básicos de la personalidad, como la escrupulosidad. . [1]

 

Un microbioma sano y diverso le enseña al sistema inmunológico la forma correcta como debe funcionar, eliminando patógenos, absorber nutrientes y hacer desintoxicación, sin embargo, un microbioma desequilibrado, es un presagio de una vida “inflamada”.

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En el pasado las personas tenían una convivencia más cercana con todo tipo de patógenos, lo que les permitía desarrollar mecanismos inmunológicos robustos, con la aparición de la jungla de concreto y lo que eso significa, por ejemplo ahora estamos más preocupados del aseo, de la limpieza, usando detergentes y otros productos químicos para mantenernos “limpios”, mal uso y abuso de antibióticos, sin embargo esto ha provocado que nuestro cuerpo se duerma y esté perezoso y cuando le toca defenderse, no sabe como hacerlo, y cuando lo hace, se comporta de forma exagerada provocando inflamación crónica y todas esas enfermedades de la vida moderna que ya conocemos. Este concepto se traslada a los diferentes sistemas de nuestro cuerpo, generando enfermedades de la piel, síndrome metabólico e inflamación. [2]

 

El impacto de los antibióticos en el microbioma

Empecemos por los antibióticos. Su (sobre) uso, especialmente en la vida temprana, puede ejercer efectos duraderos sobre el microbioma, incluida la pérdida de la diversidad de la microbiota intestinal y la inflamación de bajo nivel. El uso de antibióticos se asocia con un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 1 y 2, enfermedad inflamatoria intestinal, enfermedad celíaca, alergias y asma.

Sin embargo, los antibióticos no son el único factor culpable.

 El impacto del estrés en el microbioma

El estrés psicosocial también contribuye de manera importante a la disbiosis intestinal. Y se puede transmitir de padres a hijos.

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Estudios recientes en humanos demostraron que los bebés nacidos de padres gestacionales con alto estrés acumulativo, medido por informes de alto estrés y altas concentraciones de cortisol durante el embarazo, tenían una mayor abundancia de patógenos oportunistas en comparación con los organismos comensales. Este patrón se vinculó con problemas de salud infantil. Los padres gestacionales que experimentaron síntomas de depresión y ansiedad antes del parto tendían a dar a luz a bebés con enfermedades alérgicas.

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¿Cómo cambia el estrés el microbioma?

Existen varias vías por las cuales el estrés puede causar disbiosis y disfunción inmunológica:

  1. Alteraciones funcionales en la fisiología intestinal que influyen en las poblaciones microbianas.
  2. Opciones dietéticas que afectan la composición del microbioma.
  3. Actividad directa de la hormona del estrés sobre poblaciones microbianas.
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Analicemos estos tres caminos.

En primer lugar, el estrés psicológico altera las secreciones gástricas y la motilidad intestinal. El ácido del estómago y la motilidad intestinal son dos mecanismos por los cuales el intestino mantiene la microbiota bajo control. El ácido estomacal saludable evita la colonización del intestino por microbios problemáticos, mientras que la robusta motilidad intestinal barre a los microbios a través del tracto digestivo, fuera del intestino delgado y hacia el colon al que pertenecen. El deterioro de las secreciones y la motilidad gástricas puede provocar disbiosis intestinal e infecciones entéricas.

En segundo lugar, el estrés puede hacer que las personas busquen sus alimentos reconfortantes favoritos. A menos que esté tomando una bolsa de lechugas  bajo presión, sus elecciones dietéticas pueden estar contribuyendo a la disbiosis. La comida chatarra (alimentos altamente apetitosos, densos en energía, pobres en nutrientes, ricos en aditivos, altamente procesados y bajos en fibra, fitoquímicos y ácidos grasos esenciales) están fuertemente implicados en la disbiosis intestinal.

En tercer lugar, las hormonas del estrés pueden afectar directamente el crecimiento de poblaciones microbianas, así como su virulencia. Los estudios demuestran que la norepinefrina, una sustancia química de lucha o huida, aumenta el crecimiento de E. coli comensal y patógena. Además, la cascada hormonal causada por la activación del sistema nervioso simpático afecta la adherencia microbiana a las superficies mucosas. Esto es significativo porque la capacidad de los microorganismos para adherirse a los tejidos humanos es un paso esencial en la patogénesis y la infección. [3]

Finalmente, los hábitos de “higiene” definitivamente están también involucrados en el actual desorden antimicrobiana de la vida moderna. Detergentes, jabones, humectantes y cosméticos en general se confabulan y aportan al desequilibrio de la composición microbiana.

Por lo anterior podemos concluir que todo aquello que aplicamos sobre nuestra piel o ingerimos, puede estar aportando a este desgaste microbiológico, sabemos que estamos usando los aceites esenciales de esta forma y aquí una pregunta muy interesante ¿al ser los aceites esenciales antibióticos, lo son también con los organismos comensales?  – Un estudio en 2018 publicado por  Biochemical and Biophysical Research Communications encontró que el aceite esencial de naranja dulce microencapsulado ( Citrus × sinensis ) administrado por vía oral alteraba las bacterias intestinales de ratas obesas de acuerdo con este patrón. Se descubrió que el aceite esencial de naranja dulce aumenta la prevalencia de microbios comensales como las bifidobacterias al tiempo que reduce los niveles de endotoxina intestinal, una sustancia producida por bacterias gram negativas.[4]

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Otro estudio de 2018 publicado en Frontiers in Microbiology encontró que los componentes del aceite esencial carvacrol y timol, que se encuentran en altas concentraciones en el orégano, el tomillo y la bergamota, modificaron la composición microbiana intestinal y los perfiles metabólicos en lechones destetados de manera similar. Cambios microbianos se caracterizan por un aumento en la abundancia relativa de especies bacterianas beneficiosas, y una disminución de patógenos potenciales. Específicamente, Lactobacillus aumentó, mientras que las Enterobacteriaceae disminuyeron. Esta última es una familia de bacterias gramnegativas que a menudo se asocian con intoxicaciones alimentarias … piense en personajes desagradables como E. coli, Salmonella y Shigella.[5]

Si bien los estudios realizados se han enfocado en medir la inhibición de los patógenos, nos vamos dando cuenta de la selectividad de los aceites esenciales sobre los microorganismos que causan enfermedad. Es importante destacar que no vemos los mismos resultados intestinales negativos con los aceites esenciales antimicrobianos que vemos con los antibióticos. Esta diferencia puede deberse a la capacidad de los aceites esenciales para inhibir selectivamente patógenos potenciales, mientras permite que prosperen los comensales. Es una de las razones por las cuales podemos estar más confiados en el uso de los aceites esenciales para este fin, tomando esto como un doble propósito, mientras elimino lo malo, proveo ambiente agradable para esa microbiota saludable y lo que si sabemos es que es justo eso lo que hace la planta, protegerla de infecciones, enfermedades y hasta depredadores.

Si debemos estar conscientes de los productos tan concentrados y potentes que tenemos en las manos y a pesar de tener bajas posibilidades para el desarrollo de resistencias microbianas, podemos potencialmente irritar, o dañar el tejido de nuestros órganos.

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Referencias:

[1] Prescott, S. L., Wegienka, G., Logan, A. C., & Katz, D. L. (2018). Dysbiotic drift and biopsychosocial medicine: how the microbiome links personal, public and planetary health. Biopsychosocial Medicine, 12. https://doi.org/10.1186/s13030-018-0126-z

[2] Sender, R., Fuchs, S., & Milo, R. (2016). Revised estimates for the number of human and bacteria cells in the body. PLOS Biology, 14(8), e1002533. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.1002533

[3] Stamper, C. E., Hoisington, A. J., Gomez, O. M., Halweg-Edwards, A. L., Smith, D. G., Bates, K. L., … Lowry, C. A. (2016). The microbiome of the built environment and human behavior: implications for emotional health and well-being in postmodern western societies. International Review of Neurobiology, 131, 289–323. https://doi.org/10.1016/bs.irn.2016.07.006

[4] Li, Y., Fu, X., Ma, X., Geng, S., Jiang, X., Huang, Q., … Han, X. (2018). Intestinal microbiome-metabolome responses to essential oils in piglets. Frontiers in Microbiology, 9. https://doi.org/10.3389/fmicb.2018.01988

[5] Ceppa, F., Faccenda, F., De Filippo, C., Albanese, D., Pindo, M., Martelli, R., … Parisi, G. (2018). Influence of essential oils in diet and life-stage on gut microbiota and fillet quality of rainbow trout (Oncorhynchus mykiss). International Journal of Food Sciences and Nutrition, 69(3), 318–333. https://doi.org/10.1080/09637486.2017.1370699

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